Opinió

Por qué no se hacen test a todas las personas del país

Sofia Mira

Sobre Sofia Mira Martínez

Soy Sofía, doctora en Salud Pública y Medicina Traslacional. Especialista en enfermedades infecciosas y friki de la malaria. Defensora de la Sanidad y la Educación. Actualmente trabajo como farmacéutica.

Mucha es la confusión que existe sobre los test de diagnóstico para covid 19. Me gustaría empezar este artículo aclarando una cosa: prácticamente todas las decisiones que se toman durante esta crisis sanitaria son desde un punto de vista de Salud Pública. No se trata de que evitemos infectarnos cada uno a nivel individual ni que sepamos cada uno si estamos o hemos estado infectados. Se trata de estrategias para contener una pandemia, donde la seguridad global prima sobre la individual.

Se trata de estrategias para contener una pandemia, donde la seguridad global prima sobre la individual

Quería aclarar esto porque a nivel personal me está costando mucho explicar y que la gente entienda ciertos conceptos, sobretodo referente al uso de las mascarillas y a la realización de test que detectan infección por SARS-CoV-2. El objetivo principal del uso de mascarillas no es evitar que tú te infectes, es evitar que tú puedas contagiar a los que te rodean. Y el objetivo de los test es, en muchos casos, evitar que puedas transmitir una infección o conocer el alcance real de la enfermedad. Así, todas estas medidas, junto con las de encerrarnos en casa, están pensadas con un fin global y no individual. Este objetivo requiere un cambio de mentalidad en la mayoría de la población. Estamos acostumbrados a protegernos a nosotros mismos. Si usamos un preservativo en las relaciones sexuales suele ser para evitar un embarazo o, en el mejor de los casos, para evitar que la otra persona nos pueda contagiar algo. Rara vez el individuo piensa que quizás uno mismo pueda tener una infección y que su responsabilidad es evitar propagarla.

El uso de mascarillas en China empezó hace más de un siglo por causa de otra epidemia (la peste neumónica de 1910). Cuando vemos a ciudadanos de origen nipón por la calle con la cara cubierta (a excepción de motivos relacionados con la contaminación) no se debe a que sean unos hipocondríacos y estén obsesionados por no contagiarse de algo; en realidad se trata de que ellos mismos presentan síntomas de alguna enfermedad y quieren evitar propagar la infección. Así, a principios del siglo pasado, llevar mascarilla en China era un signo de responsabilidad, educación, solidaridad e incluso prestigio social. Esa es la gran diferencia entre españoles y chinos de la que se ha hablado desde el principio de la pandemia: la gran conciencia social que hay en el país asiático.

Bien, pues ahora que ha pasado la crisis de las mascarillas, ha llegado la de los test de diagnóstico rápido. Es un tema que realmente me está costando tratar. Sobre todo porque no llego a entender el interés individual que tiene la gente porque se le haga estos test. A veces es por necesidad de saber “si tengo el virus”; en otras “porque quiero saber si soy inmune”.  En este artículo trataré de explicar por qué no se le hace la prueba a todo aquel que es sospechoso o a cada ciudadano de este país, como mucha gente pide. Empezaré intentado explicar de forma sencilla los tipos de test de los que disponemos para detectar infección por SARS-CoV-2.

TIPOS DE TEST

Por un lado están las pruebas PCR (Polimerase chain reaction). Son los test más fiables. Detectan si existe material genético del virus en una muestra exudado nasofaríngeo, la cual se obtiene con un hisopo (o palito) que normalmente introducen por tu nariz hasta el principio de la garganta, lo que sea dicho no resulta nada agradable.  De esta muestra se extrae el material genético del virus (ARN), se multiplica de forma acelerada en unas máquinas llamadas termocicladores y se detecta así la presencia del virus. Las PCR requieren personal especializado, instalaciones de laboratorio específicas, tiempo y dinero. Son pruebas muy precisas; sin embargo, ser positivo para PCR no significa tener la capacidad de transmitir el virus. Simplemente nos indica que hay partículas del virus en tu cuerpo; no tiene por qué ser de virus viables ni con capacidad infectiva o de desarrollar una enfermedad.

Otro tipo de test que determina la presencia del virus son los test de antígeno. Los antígenos son unas proteínas que los microorganismos que nos infectan tienen en su superficie. Son como unas señas de identidad que tienen a la vista, como si fuera nuestro color de pelo o de ojos, algo por lo que nos reconoce la gente. Nuestro sistema inmune reconoce los diferentes microorganismos por estas partículas, por estos antígenos. Este tipo de pruebas detecta la presencia de antígenos del SARS-CoV-2 en una muestra también nasofaríngea (ya sabéis, ese palito que se mete por la nariz y llega hasta la garganta). Es decir, estos test también detectan la presencia del virus.  Los test de antígeno pueden ser de dos tipos: están las pruebas de laboratorio, con las que suelen tardar unos días en darte los resultados, y los test rápidos, que se realizan con un kit tipo test de embarazo.

Por útlimo están las pruebas serológicas, las que determinan si hemos generado anticuerpos contra la infección. ¿Y qué son los anticuerpos? Pues unas proteínas que produce nuestro organismo y que reconoce los antígenos del virus. Es decir, los anticuerpos son cosa nuestra. Serían como el agente de seguridad que te pide el carnet de identidad. Una vez el anticuerpo (del ser humano) reconoce el antígeno (del virus), los agentes de seguridad llaman a los militares y se produce toda la respuesta inmune: la lucha contra el intruso empieza. Dependiendo del momento de la infección nuestro cuerpo genera un tipo de anticuerpos u otro, diferenciando así según el resultado del test una infección activa  de una pasada (lo que sería tener inmunidad). Así, los test serológicos miden una respuesta de nuestro organismos ante la presencia de un ser extraño; no detecta el virus directamente. Como en el caso anterior, los test serológicos también pueden ser pruebas de laboratorio o test rápidos. Son de los que más se habla últimamente. A diferencia de los otros tipos de test la muestra en este caso es de sangre: un tubo como el de los análisis del centro de salud para la prueba de laboratorio, o un pinchacito en el dedo con lanceta, como para medir el azúcar, en el caso de los test rápidos.

Un positivo por test de diagnóstico rápido requeriría de una PCR para confirmar la infección

Y si disponemos de test de diagnóstico rápido, ¿por qué debemos hacer los otros test que son mucho más complejos y caros? Está claro que la principal ventaja de los test de diagnóstico rápido es precisamente esa, que son rápidos (unos 15 minutos). También este tipo de kit es mucho más barato que una PCR. Además, no requieren de personal especializado. ¿Cuál es entonces el problema de estos tipos de prueba? Que están bastante lejos de ser el prototipo ideal de test. Son kits que se han desarrollado en los últimos meses y que a día de hoy requieren mejores versiones (no olvidemos que se trata de un virus NUEVO, así que las pruebas para su detección son también nuevas). Actualmente nos encontramos con más de 200 kits comerciales, entre los cuales encontramos una sensibilidad de entre el 65 y el 80%. Es decir, no son del todo fiables. De cada 100 personas que dan un resultado positivo sólo 70 de ellas aproximadamente serán realmente positivas. Un positivo por test de diagnóstico rápido requeriría de una PCR para confirmar la infección. Además, nuestro organismo tarda varios días en desarrollar los anticuerpos. A veces estaremos infectados y el test dará negativo. Así, no podemos utilizarlos como método de diagnóstico principal. Pueden ser utilizados como un primer cribado para descartar negativos, pero ante un positivo siempre se requeriría de una posterior PCR.

La medida más barata, cómoda y factible sería simplemente que, si no requieres hospitalización, te quedes en casa

Como ya he dicho, las decisiones tomadas por el gobierno son principalmente estrategias a nivel de salud pública; es decir, las pruebas se hacen para conocer tu estado con respecto a la infección y evitar que puedas contagiar a otros. Si eres un paciente con sintomatología leve, según los últimos estudios solo puedes transmitir la infección entre los días -2 y 8 con respecto a la aparición de los síntomas. Es decir, desde que tú te das cuenta de que podrías tener la infección, hasta que te hagan la prueba y te den los resultados, ya solo te quedarían unos cinco días de ser capaz de transmitir el bicho. Así pues, la medida más barata, cómoda y factible sería simplemente que, si no requieres hospitalización, te quedes en casa y mantengas la distancia y otras medidas para evitar contagiar a nadie. Puesto que la realización de la prueba más fiable y única hasta el momento para dar un diagnóstico final, la PCR,  es limitada y requeriría que tú te acercaras a un centro sanitario o que una unidad móvil fuera hasta ti, lo más lógico es reservar estos tipos de examen a los que realmente lo necesitan: los pacientes graves, hospitalizados y personal sanitario expuesto. Los pacientes graves, además, pueden contagiar hasta más de 40 días. Es por ello que requieren un mayor control y se precisa de dos PCRs negativas para que te den el alta.

A nivel de salud pública y, más concretamente, de estudios epidemiológicos, los test también nos pueden servir para conocer el alcance real de la enfermedad en un territorio. Para ello se utilizan los test serológicos, que, como ya hemos mencionado, son capaces de detectar infecciones pasadas, gracias a que identifican anticuerpos de memoria. Estos anticuerpos son los que se quedan por nuestro organismo navegando, dispuestos a desencadenar una respuesta inmune mucho más rápida en caso de que vuelva a entrar el virus en nuestro cuerpo una vez más. Esto es a lo que llamaríamos tener inmunidad. Nuestro cuerpo ya está entrenado, tiene memoria de cómo luchar contra el virus, y lo eliminaría en un plis-plas. Los agentes de seguridad llamarían a los militares mucho más rápido y estos ya conocerían la estrategia para eliminar al enemigo. Para hacer un correcto estudio de seroprevalencia, se debe escoger un grupo de personas al azar y estudiar si ha pasado la infección o no, repitiendo estos test con el paso del tiempo. Es lo que se pretende llevar a cabo con estos 60 mil test de los que oímos hablar por la tele, para comprobar el alcance del virus en nuestro país. Como detalle curioso, en algunos países, como Australia, se están llevando estudios epidemiológicos piloto detectando la presencia del virus en aguas residuales, puesto que se sabe que el virus se puede detectar en heces. Así, la existencia del virus en un territorio se podría cuantificar analizando las aguas que salen de los retretes de nuestras casas, del mismo modo que se puede analizar el consumo de cocaína de un país analizando las aguas de los ríos o examinando los billetes.

Así pues, disponemos de muchos tipos de test que detectarían de diferente forma si estamos infectados, si lo hemos estado o si el virus ronda entre nosotros. Sin embargo, a efectos prácticos en España no nos está sirviendo para controlar la pandemia. Es cierto, que en otros países se han realizado los test para controlar la infección con éxito. Ejemplos son el de Corea del Sur, famosa por el rastreo de los casos confirmados y sus contactos, o el de Islandia. En un principio, cuando los casos se podían contar con los dedos de una mano, hubiese sido muy útil hacer PCRs a los sospechosos y a sus contactos, pero no cuando los casos son ya muy numerosos. Utilizaré el caso de Islandia, que es el que mejor conozco y el que más me agrada. ¿Cuáles son las ventajas de Islandia para manejar una crisis como esta? Pues para empezar es una isla. Es mucho más fácil controlar quién sale y quién entra. En Islandia se empezaron a hacer pruebas PCR un mes antes de tener ningún caso confirmado. Hacían la prueba a aquellos que volvían al país después de sus vacaciones en zonas de riesgo, como los Alpes italianos. De este modo, se pudieron detectar los casos y controlar la expansión a tiempo. En un escenario así, tiene mucho sentido hacer la prueba a cualquier sospechoso. Por otro lado, Islandia es un país con muy pocas ciudadanos y una densidad de población bajísima. El número total de habitantes del país no llega a alcanzar el número de Palma, suponiendo una densidad casi 100 veces menor que la de nuestra isla (y yo que siempre había pensado que Mallorca estaba vacía….). Una densidad baja implica una menor velocidad de transmisión, pudiendo controlar la epidemia mucho más fácilmente. Esta estrategia es entonces más fácil de seguir en un país como Islandia. ¿Qué pasó en España? Principalmente que llegamos tarde. La expansión del virus fue demasiado rápido como para realizar test PCR a todos los sospechosos, limitándose entonces a aquellos hospitalizados.

(Nota al margen: Islandia es uno de esos países gobernados por una mujer. Sólo hay doce países en el mundo ¡doce! que cuentan con una mujer al mando. Bien, pues de los diez países que mejor han controlado la pandemia en todo el globo, seis -más de la mitad- están gobernados por mujeres. Ahí lo dejo).

Al fin y al cabo, te hagan o no te hagan el test y des positivo o negativo, si eres sospechoso el resultado va a ser el mismo: quedarte en casa por si acaso

Así, aunque el escenario ideal sería aquel en el que se nos pudiera realizar test a cada individuo de forma periódica, cada semana por ejemplo, nos encontramos en una situación en la que todo el mundo (literalmente) está pidiendo test de diagnóstico, sea del tipo que sea. Es imposible contar con los medios necesarios para realizar este tipo de control en una población de 47 millones de habitantes. Por ello se debe priorizar a quién sí y a quién no se le hacen estas pruebas. Al fin y al cabo, te hagan o no te hagan el test y des positivo o negativo, si eres sospechoso el resultado va a ser el mismo: quedarte en casa por si acaso. Los test no son perfectos y tampoco son capaces de dar positivo en cualquier momento de la infección, aunque estés realmente contagiado. El objetivo principal, una vez más, es evitar que contagies a los demás, conteniendo la propagación del virus, así que, te va a tocar quedarte en casa.

Al margen de la estrategia del Estado, mucha gente me pregunta si se pueden comprar los test en establecimientos como las farmacias. Aquí he de decir que si personalmente soy partidaria de que los farmacéuticos participemos de una manera más activa en el control de esta pandemia, no veo del todo aconsejable que la gente pueda adquirir y realizar este test en su casa por cuenta propia. No es tan simple como un test de embarazo, por no mencionar que es necesario un pinchazo y sangre por en medio (que mucha gente no tolera). El test requiere de una interpretación en la que los signos y síntomas clínicos son vitales. No es tan sencillo como determinar si estás embarazada o no. Por otro lado, también existe la duda de por qué habiendo tantos laboratorios actualmente vacíos y disponibles para hacer PCRs, estos no se están utilizando con ese fin. Aquí una servidora fue la primera que se ofreció voluntaria a la Conselleria de Salut al principio del estado de alarma para hacer PCRs. Del mismo modo, lo hicieron muchos antiguos compañeros míos; algunos ofreciendo no sólo sus manos si no sus laboratorios por entero. (Desde aquí un apunte a esta normalización de que los investigadores trabajemos gratis, siendo nosotros los primeros culpables de esta situación. Se está contratando personal sanitario y de seguridad extra, proponiendo incluso primas a sus sueldos. Y los investigadores por su parte, de los que depende la esperada vacuna, andan trabajando en muchos casos sin cobrar. Y lo vemos tan normal). Bien, pues resulta que no cualquier laboratorio de investigación está capacitado oficialmente para realizar una prueba de diagnóstico. Se requiere una distinción que lo apruebe y una persona dotada del título de medicina para dirigir el cotarro. Así que, por mucho que miles de investigadores se hayan ofrecido voluntarios para realizar estas pruebas, no es tan sencillo burocráticamente hablando.

Una vez más, y ya para terminar, la situación ideal sería aquella en la que hubiese test en condiciones y en cantidades suficientes para una mejor gestión de la pandemia. También sería estupendo que todos tuviésemos el mismo derecho a acceder a estas pruebas, independientemente de si disponemos de seguro privado (el cual por cierto no cubre en caso de pandemia) o de si somos futbolistas de primera división. Pero este mundo nunca ha sido justo y por lo visto seguirá sin serlo; no aprenderemos con una simple pandemia a nivel mundial. Personalmente tengo curiosidad por ver cómo será esa nueva normalidad cuando las aguas vuelvan a su cauce. Ya nos han abierto los bares, pero…. ¿cuándo nos dejarán bailar?

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